Amigos inanimados


Debo dejar de darle a los objetos el afecto que no le doy a las personas.less than a minute ago via txt

Ya vieron toy story 3? porque como introducción diría mucho, Muchas veces hay objetos (en el caso de la película juguetes pero en mi caso puede ser casi cualquier cosa) Que se ganan nuestra amistad, por una razón u otra confiamos en ellas mas que en cualquier persona, son como la mascota fiel que muchas veces uno no tiene. A mi la gente me suele decepcionar mucho, todo el tiempo, pocas personas no lo han hecho tal vez porque no les dí oportunidad, por eso enfoco mi afecto en seres que no lo son.

Recuerdo que desde chico había siempre alguna cosa que siempre quería tener cerca, como ahora tengo mi mesa de armas al lado del escritorio de esta PC donde paso gran parte de mi tiempo, antes tenía siempre algún juguete o artefacto que no quería que se me escapara, realmente sufría bastante cuando algo de esta naturaleza se me perdía o dañaba. Y desde entonces no cambié mucho, mi gorra, la cadena que llevo al cuello, quizá mi celular o mi reloj puedan entrar en la clasificación también, son cosas que siempre me gusta tener conmigo; no me siento solo ni perdido con mi celular, no me siento vulnerable con mi gorra, recuerdo quien soy cuando miro las chapas de mi cadena.

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Entonces se lo pregunté.

Pero no me respondió; no pudo realmente decirme su nombre, porque lo había olvidado al nacer.

Observado.

Mucho tiempo no me separa del momento en que dejó perceptible su presencia naturalmente incomprobable  y empecé a fallar al buscar refugiarme de su ineludible vigilancia. Como un cuidadoso doppelgänger predice mis acciones usando esta ventaja para perseguirme con su macabro y silencioso andar cual dementor en busca de alimento. Cruza cada portal al abrirse cualquier puerta frente a su imponencia y confunde a cada individuo con su creativa distorsión excepcional. Como el cuervo que acecha en las alturas él me monitorea creando esa intolerable situación de egocentrismo, “Que no soy el único en este mundo, búscate otra víctima!”.Me sigue, persigue, trabajo que solo se compara al de las sombras que dejo atrás; no desperdicia tiempo frenándome el paso, siempre puede ir mas adelante o sobre mí. Estando en soledad puedo escucharlo murmurando su jugada, estar en soledad es un derecho que no me deja disfrutar. Pasa sus días observándome con calma, pasan los días y no se va. Tal vez como yo de él ya se haya hartado de mis quejas, pero demuestra que le falta para terminar.

Distancia, equitativa, y distantes.

Un salto, un pequeño golpe, bajar la palanca de seguridad y sentir el impulso gravitatoriamente nulo que me lleva a la cima de ese imponente monumento terrestre; cae nieve y se deposita en cualquier superficie posible, y los copos casi opacos empiezan a bloquear cada color existente lo que impide ver a cualquier otra persona en el área, todos en la misma linea pero imposible sentir su presencia en ese ningún lugar de color blanco grisáceo, atravesado únicamente por un cable de acero que se pierde en la niebla, lo que sugiere la duda: Sabes donde estas realmente?

En mi valija.

Siempre llevo todo tratando de no llevar nada, tengo siempre encima cualquier cosa que siempre falta pero nunca nadie empaca; necesito estar al alcance de mis herramientas, necesito la seguridad que me representan.

Pero nunca traigo nada, por qué lo haría? Prefiero mantener las cosas en su origen, su naturaleza; y que me signifiquen un motivo para regresar.

Demonio de la guarda.

A cada paso que da con sus altas botas blancas en las calles de la ciudad mas sucia yo la persigo saltando de una a otra cornisa con mis pies descalzos acechando a cada individuo que la tome de objetivo. Todos, cada uno, hasta el más mínimo paso que da, resuena en mis oídos como el tic tac del reloj más grande en la ciudad. Eventualmente el ruido de la ciudad no la deja dormir, es en esos momento que resulto culpable de alguna catástrofe para pedir a esta escandalosa población un minuto de silencio; es para que duerma cada noche que trato de mantener un perpetuo caos en su pequeño universo, de esos extraños hechos me declaro culpable, y competente. Cuando abre sus ojos, su mirar puede cortar la circulación sanguínea de quien sea que tenga en frente, y si al salir su mirada es tenue, la mía cortara la calma, la tormenta o cualquier situación de la intemperie. Su vida la mantiene corriendo como fugitiva por calles deambuladas por personas innecesarias, su horario me mantiene en constante desplazamiento entre gárgolas y balcones como el traceur más entrenado. Sus días son fugaces, simples momentos a mi parecer, mantener firme el asfalto por donde pasa es una actividad que genera un placer muy efímero y doy por obviado que no siempre veré su reflejo en cada cristal que encuentre pero hasta que su sombra se apague contará sin saberlo con un guardián al que le designaron el cuidado de algo demasiado perfecto como para permitirle algún daño de carácter serio.

Y aquí empieza todo.

Entonces tomo el arma, pensó un momento en la cantidad de veces que pidió el deseo, se apuntó a la cabeza, y disparó… Volvió al punto de partida y consiguió otra oportunidad.

Quiero ser un demonio.

Quiero la piel dura y rocosa que me permitirá soportar cualquier disparo al corazón; quiero un cráneo lo suficientemente sólido como para mantener la cordura dentro de mi cabeza; quiero las nobles alas que me permitan estar por encima de los mortales… Aterrar multitudes con el enfoque sobrenatural de mi mirada; destrozar almas con mis garras; dejar de sufrir frío y provocar ácidas quemaduras con mis respiros; olvidarme del cansancio, el abre y la muerte para comenzar a generarlos y mantenerlos constantes; divertirme con el sufrimiento y saciarme a base de sangre y lagrimas. Quiero hacer lo que ellos hacen, quiero lo que los humanos quieren.

Adiós Mortales…

Me voy a un mejor lugar.

Enfréntame para saciarme.

Puedes interferirme y buscar sin éxito la manera de nublar mis pensamientos y salirte de mi objetivo. Puedes localizarme y buscar sin sentido mis debilidades, mis deficiencias naturales y mi ente emotivo. Puedes atacarme y sin motivo tratar de desacreditarme, dejándome mal parado frente a tu persona imponente. Pero fallaras tratando de buscar la furia en mi alma; la que no hará falta para decidir si torturarte generosamente con mis bélicos instrumentos, o liquidar eternamente tu estructura con la densidad infinita de mis palabras. Así finalmente cuando pretenda que se salden las cuentas, varás el saldo de tu karma en números rojos, verás mi deseo de destrucción en el autentico color de mis ojos, y sentirás nada más que la tenacidad de mi voz.